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Dicen que Jesús es un hombre vulgar. Hijo común de una simiente común. Que por cierto, nació en un pesebre. En sus primeras horas de vida, recibió el calor del aliento de una mula y un buey. Algunos afirman que se hizo hombre rudo y violento, al renunciar a su oficio de carpintero.
Sin embargo, Jesús es descendiente del rey David. Pertenece al linaje más escogido del pueblo Hebreo. Por eso, es el mesías esperado, para tomar el poder y derrotar al imperio y sus lacayos.
Tal vez, ante tanta responsabilidad prescrita por los profetas, lo dejó todo y comenzó su vida de errancia, igual a la nuestra. Los gitanos somos señalados herederos de la maldición de Caín y protegidos de Dios.
Nada de eso, Jesús nunca es obrero. Tampoco es pobre. Él se proclamó rey, aunque su reino no es de este mundo. No tiene una piedra para reclinar su cabeza, mientras sueña. Como los gitanos anda con una caravana de seguidores: Pescadores, publicanos, prostitutas y ladrones arrepentidos, leprosos y ciegos curados, hombres y mujeres carentes de oficio y beneficio. Todos encantados por su oratoria y artes sanadoras de mago. Es un peligro social. Predica contra la Ley de Moisés. Seduce niños y mujercillas. Se refiere a los sacerdotes con desdén, los llama sepulcros blanqueados. Censura la hipocresía en la que viven.
En medio del desorden moral, dicen que carece de la idea de tiempo: Pasado, presente y futuro, valga lo confusión, son su tiempo. Dice ser hijo de Dios y hacedor de justicia. Pero con solo verle, cualquiera puede darse cuenta, es un gitano. El viento le peina sus cabellos y la lluvia ciñe sus vestidos. Hay que reconocerlo: Vestidos de gran valor. Los legionarios romanos para repartírselos, los jugaron en una partida de dados.
Jesús siempre es mostrado entre los locos. Atribuyen sus palabras a los demonios. Pocas veces, está en los templos o casas de oración. Se recuerda que una vez, leyó un texto del profeta Isaías. Luego, salió burlando la vigilancia de los sacerdotes; ellos querían tomarle preso y darle muerte. En otra oportunidad, ocurrió algo peor: Poseído de una furia inusitada, volcó las mesas de los cambistas y los sacó, azotándolos con un rejo improvisado, hecho con una cuerda de amarrar los corderos del sacrificio. Por eso, aún en nuestros días, los templos están custodiados y enrejados, para impedir la entrada a personas como él.
Empero, Jesús es diferente, en medio de tantos predicadores de plaza y salón, dedicados a proclamar juicios infernales, para amedrentar y despojar a las gentes. Es el único que lanza un sonoro desafío y el eco de su voz retadora, jamás cesa de decir: <<Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo, como a ti mismo>>. Sólo así, la vida de cada día puede ser una fiesta, en la apasionada alegría del amor.
Es cierto, Jesús murió crucificado, pero resucitó y vive para siempre. Algunos afirman que ascendió a los cielos. Y otros que, aún figura en las listas de desaparecidos, fijadas en el portal del foro romano. . Sin volver a tener noticia de él, su imagen crucificada, está colgada en los templos y las cortes de justicia. Acaso para confirmar al pueblo y a los locos, opositores al régimen: <<Ustedes son los olvidados de Dios y la justicia humana>>.
Apesar de todo dudan, si Jesús es un hombre de sangre y carne, un pensamiento incorpóreo o una idea que visita al ser humano, cuando ambiciona ser Dios y dominar el mundo.
Los gitanos sabemos que Jesús vive, Tocamos sus manos y le seguimos de un lugar a otro. Escuchamos sus palabras y nos beneficiamos de sus milagros, ¿Y aún crees que somos un pensamiento en busca de otro pensamiento. O un sueño en la región de los sueños? Los gitanos estamos aquí, aunque parezca que venimos del País de Nunca Jamás.
Los grandes hechos parecen extraños en la vida cotidiana. La naturaleza de Jesús, está arraigada y forma parte del ser gitano, Su verdadero alcance, es para muchos años y generaciones. Jesús, el Cristo de los gitanos, es el encanto de nuestra imaginación y la pasión lúdica en este viaje por la vida.
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